martes, 1 de septiembre de 2009

El Retiro y el Despido

El retiro y el despido, dos formas en que se manifiesta la terminación del vínculo
laboral de los integrantes de una organización, no constituyen temas con los cuales uno
tropieza a cada rato en las publicaciones sobre management. Quizás esto se deba a que
una mayoría de lectores y lectoras opinan que el retiro y el despido: a) no conllevan
urgencia personal y pertenecen a un futuro lejano; b) no interesan demasiado porque son
cosas que les pasan a los demás; o c) no son temas agradables y conviene evitarlos. Sin
embargo, constituyen realidades de todos los días y conviene familiarizarse con sus
distintos ángulos. Veamos algunos.
En un retiro o despido se recibe con frecuencia un «paquete» de beneficios
destinado a aliviar la transición o los años siguientes. Estos paquetes, cuando se otorgan,
gozan de amplia visibilidad. Menos visibles son una serie de imponderables que se
manifiestan en estas ocasiones. Forman parte de nuestras relaciones humanas e influyen
sobre nuestras emociones... y, a veces, sobre nuestra salud. Es bueno saber que existen
para anticiparse, en lo posible, a sus efectos. La situación siguiente lo ilustra:
Un conocido que ocupaba una gerencia de primer nivel en una
empresa importante de América Latina me comentó hace un tiempo que
había acordado su retiro de la organización donde se desempeñaba. Como
parte de la negociación se le había ofrecido, y él había aceptado, una oficina
y una secretaria durante varios meses a partir de la fecha de su
desvinculación de la empresa. Estaba muy contento con el arreglo y al verlo
así lo felicité.
Un año más tarde lo volví a encontrar. Le pregunté cómo se
había adaptado a su nueva vida de retirado y cómo le había ido durante
esos meses en que había ocupado la oficina cedida por su ex organización.
“Fue una de las peores decisiones de mi vida,” me dijo. “Durante varios
meses me crucé con numerosos empleados que habían sido mis
subalternos y a quienes, en su mayoría, entrené y ayudé a desarrollar. Me
saludaban con lo que me parecía ser una ‘sonrisita’ de circunstancias
dirigida a una persona que, luego de haber tenido poder, lo había perdido.
Fue casi una tortura. Nunca debí haber aceptado quedarme allí durante esos
meses.”
Recordé esta historia sobre el manejo de la desvinculación de una empresa
cuando vi About Schmidt, una película protagonizada por Jack Nicholson que, entre otros
episodios, muestra un aspecto poco meditado, y que se podía haber evitado, de la
desvinculación de Schmidt. Para quienes no hayan visto la película, permítaseme decir
que es una tragicomedia que trata acerca de las peripecias de Warren Schmidt, un
assistant vice president de una compañía de seguros sita en Omaha, Nebraska, que se
retira, enviuda y queda solo.
Dos escenas tienen relevancia para nuestro tema. En la primera se muestra la
cena de despedida con discursos incluidos que la empresa le ofrece a Schmidt; en la
segunda, la visita que éste hace a su sucesor en su ex puesto de trabajo. En la cena de
despedida este último, un joven y simpático gerente proveniente de otro estado, toma la
palabra, pronuncia frases de circunstancias e invita a Schmidt a que lo visite en la
empresa cuantas veces quiera. También insinúa que no le vendría mal que en éstas
Schmidt le explicase ciertos detalles de diversas pólizas de seguros. En la segunda
escena Schmidt, quien necesita ocupar su tiempo, va a visitar a su sucesor. El resultado
de la visita es lamentable. Después de unas cuantas frases introductorias, Schmidt se
ofrece a aclararle a su sucesor determinados aspectos técnicos de las pólizas, a lo cual
éste responde que tiene todo claro y que no necesita que le expliquen nada. Dicho esto,
le informa que tiene una reunión en otro lado, se levanta e invita a Schmidt a bajar juntos
en el ascensor. No es difícil imaginar la desazón que invade a éste ante semejante
respuesta.
¿Se podía haber evitado esta situación? ¿Debía la empresa haber evitado
que el joven gerente tomase la palabra en la cena de despedida? ¿Qué errores se
cometieron? En lo referido a aquél, si no hubo malicia de su parte nada en la película lo
hace pensar, aunque el ofrecimiento en público quizás indique que trataba de ganarse la
simpatía de los presentes lo menos que se puede decir es que habló de más.
Independientemente de la mayor o menor simpatía que nos pueda despertar la situación
de Schmidt, lo cierto es que al invitarlo a su oficina y señalar que no le vendría mal que le
explicase algunas cosas, hizo menos irrevocable y menos definitivo su retiro. En lo
referido a Schmidt, su soledad y el vacío que descubre en su vida lo traicionan y le hacen
creer en las palabras de su sucesor. Ambos pecan de falta de comprensión de la
realidad, lo cual hizo que se creara una situación que se podía haber evitado.
Algo parecido sucede en aquellos casos en que un gerente que comunique
un despido, ante los problemas que expresa el empleado despedido, accede si la
empresa carece de un programa de outplacement a ayudarlo a conseguir un nuevo
empleo. Independientemente de las emociones que nos provoque el hecho de que
alguien perdió su trabajo, el gerente hace así el despido menos irrevocable y terminal.
¿Es conveniente hacerlo?
El vivir estas situaciones desde ambos lados del mostrador constituye una
experiencia valiosa para una carrera gerencial. Siempre dije a mis estudiantes que, en mi
opinión, aquel que nunca ha sido despedido no tiene una experiencia completa de lo que
es un empleo. «Conviene» que a uno lo despidan en la juventud por lo menos una vez.
Atravesar esta experiencia en los años formativos ayudará a encarar una carrera en
forma realista. Con un poco de imaginación quizás sea, también, el motor que conduzca
a una actividad por cuenta propia o a la creación de una empresa.

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